E D I T O R I A L

Juan Bruguera Teixidor fundó en 1910 la editorial El Gato Negro, que se especializó en novelas por entregas, libros de chistes y biografías populares. Siguiendo el ejemplo de la clásica revista de historietas TBO, aparecida sólo cuatro años antes, en 1917, Bruguera creó en junio de 1921 el semanario Pulgarcito, revista subtitulada "Periódico infantil de cuentos, historietas, aventuras y entretenimientos". Su gran éxito hizo prosperar la editorial y en 1939 sus hijos Pantaleón y Francisco Bruguera decidieron cambiar el nombre a la empresa y darle el apellido familiar. Desde 1947, el semanario Pulgarcito se publicó regularmente y la editorial aumentó sus beneficios editando otras revistas de cómic de humor como El DDT, Tío Vivo o Din Dan, colecciones de novelas de consumo popular (en las que editó a autores paradigmáticos de la novela rosa como Corín Tellado o de la novela del oeste como Marcial Lafuente Estefanía) y cuadernillos de historietas de aventuras como El Cachorro o El Capitán Trueno.
Bruguera fue la mayor editora de cómics de España en los años sesenta y setenta y el negocio de los tebeos se fue adaptando a las necesidades del mercado: si a fines de los cuarenta y principios de los cincuenta se publicaban revistas de bajo coste con pocas páginas, al mejorar las condiciones económicas aumentó el número de páginas, mejoró el papel y se incorporó el color. Desde los sesenta se incrementó el abanico de publicaciones y de personajes que reflejaron los cambios de la época y empezaron a editarse álbumes de los personajes más populares. La editorial poseía imprenta propia y una articulada red de distribución, por lo que eclipsó a la competencia. Con el tiempo, la empresa familiar se transformó en una auténtica multinacional de la edición, implantándose en varios países de Hispanoamérica. Sin embargo, entró en crisis en los años ochenta y en 1986 desapareció tras su adquisición por el Grupo ZETA, quien la transformó en Ediciones B.
Veinte años después, en 2006, volvió a relanzarse como un pequeño sello editorial dentro de dicho grupo. La nueva etapa comenzó con la dirección de Ana María Moix, la publicación de novedades literarias inéditas en español y la creación del Premio de Novela Editorial Bruguera. A pesar de incorporar de nuevo la mítica figura, ahora más estilizada, del Gato Negro en el logotipo no parece que hasta el momento haya intención de recuperar su fondo editorial descatalogado, ya sea literario o tebeístico. Las publicaciones de Bruguera no eran de gran calidad material, si se comparan por ejemplo con los álbumes editados por esos mismos años en Francia. Les cabe sin embargo el mérito de haber divulgado la literatura popular entre los sectores más desfavorecidos de la sociedad, si bien no fue nada generosa la retribución que daba a sus dibujantes y guionistas, víctimas de contratos leoninos. La relación editorial/autor era totalmente informal. Entonces no había derechos de autor, se cobraba por novela entregada y no había forma de saber lo que ganaban con su trabajo. Ni siquiera les informaban de las traducciones. A cambio, había también una relación familiar. Cuando necesitaban dinero para la entrada de un piso o para un coche se lo pedían y luego lo descontaban de las sucesivas novelas que publicaban. Los escritores que trabajaban para Bruguera, la llamaban, haciendo gala de una fina la ironía, "la santa casa".