C U R I O S I D A D E S

Foto de Kailos Perdomo




CURIOSIDAD 1
FRANCISCO GÓMEZ LEDESMA, más conocido por aquel entonces como Silver Kane, fue uno de los escritores de novelas de género más leídos. He elegido ésta entrevista y a éste autor en concreto porque sus palabras sintetizan muy bien lo que significaron aquellos años para un escritor de novelas populares.
En 1947 pisó por primera vez Bruguera. Muchos años transcurridos (hasta febrero de 1966), muchas vivencias acumuladas. En 1948, el futuro abogado se enteró de la convocatoria del Premio Internacional de Novela que había creado el editor José Janés, con un jurado presidido por Somerset Maugham. Se presentó y ganó. Lo invitaron a conocer al insigne novelista, pero nadie le hizo caso en aquel restaurante de la Barceloneta. Después vino lo peor. La todopoderosa censura dijo que Sombras viejas no se publicaba. Y lo acusaron de rojo, separatista y pornógrafo. Fue a Madrid, a intentarlo en la boca del lobo. Se alojó en un hotel miserable llamado Gran Hotel del Universo, y conoció el bar Flor,
"donde se oxigenaban las cuatro p: putas, policías, periodistas y pobres". Fracaso. Vuelta a Barcelona. Vuelta a Bruguera, pero ya era novelista, y le propusieron que escribiera novelas populares, que entrase a formar parte de los galeotes que, desde el anonimato de sus pseudónimos, hacían libros a destajo. Nació Silver Kane. "Es curioso que me acuerde de todo, la hora, la luz triste, la respiración de mis padres y el color de la máquina alquilada, y en cambio no recuerde exactamente el año". 1952. Primero facultad, después trabajar y por la noche se convertía en Silver Kane. Y en sus novelas triunfaba la justicia, los tiranos eran derrotados, los policías respetaban la ley y los jueces eran justos. Ochenta folios, seis veces al mes. "Aprendizaje de perro", lo llama Ledesma. "En todos aquellos escritores de galera hubo algo de admirable, todos tuvieron que vivir vidas de papel para que sus lectores pudieran soportar la vida de la calle". Pero era duro trabajar sabiendo cuándo se entraba pero no cuándo se salía. Y las horas extraordinarias no se pagaban. "La Santa Casa -así llamaban los autores a Bruguera- utilizó todos los subterfugios del franquismo, que eran amplios y, por supuesto, muy transitados. En este sentido, Bruguera no fue ni mejor ni peor que otros. Toda una historia de este país, toda, fue inmoral y repugnante". Para sobrevivir no tuvo otro remedio que hacer novelas del Oeste bajo el seudónimo de Silver Kane. ¿A cuántos bandidos ha detenido y ahorcado, cuántas balas ha disparado y cuántos caballos ha puesto al galope, señor Kane? "Como Silver Kane tuve que estudiar bien historia y geografía del Oeste, de modo que creo que no hay errores importantes en mis novelas. No recuerdo a cuántos hombres pasé por las armas en ellas, pero no podían ser pocos porque escribía con realismo sobre una sociedad nueva y violenta". Por cierto, ¿cómo se le ocurrió el seudónimo? Sin él, ¿hubiera podido publicar sus novelas? "El editor me dijo que no podría firmar las novelas como González porque nadie me creería. Hacía falta un seudónimo que sonara bien. Yo creé Silver Kane durante una madrugada de pobreza y trabajo, uniendo el nombre de un personaje de cómic que yo escribía (Silver Roy) y el apellido de un dibujante que admiraba (Milton Caniff)". ¿Sabe Vd. que los lectores de aquellas novelas, entre los que me cuento, éramos legión? "Que los lectores eran legión lo sabía sin duda el editor, Bruguera, quien pagaba poco pero siempre me estaba pidiendo renovar los contratos". Cuatro novelas del Oeste al mes, cuatrocientos títulos publicados, ¿de dónde sacaba tanta imaginación? "Sacaba la imaginación porque no había otro remedio. Además, he de confesar que en muchos aspectos el Oeste me gustaba y me sugería cosas: la guerra de Sucesión, los primeros ferrocarriles, la cultura india, la justicia basada en la honradez y el valor, la dama del saloon, que tenía un pasado". ¿Comía de sus novelas o, además, tenía que trabajar en otros menesteres? "Siempre hube de hacerlas como tarea suplementaria, quitando horas al sueño. De día trabajaba todas las horas, o bien estudiaba (por ejemplo Periodismo, donde tuve la suerte de lograr el número uno de toda España) al acabar la jornada de nueve horas mínimo. Y ya en plan de delirium tremens buscaba madrugadas para escribir las novelas que yo consideraba “serias”, y que no podía publicar".
(Por Herme Cerezo para Siglo XXI)


CURIOSIDAD 2
GONZALO TORRENTE BALLESTER recuerda que, con motivo de una apuesta, escribió una especie de plagio de novela del oeste cuando tenía diecisiete años.
“El caso fue, sin embargo, que aquel compañero de colegio, once años más o menos, me apostó una peseta a que yo no era capaz de escribir una novela del Oeste (el Far-West, se entiende, con indios por el medio). Gané la apuesta y recibí la segunda cornada del destino, aquella no cerrada todavía, me cogió ante la extrañeza de los que me rodearon, de los que lo supieron, de todos los bien pensantes y bienhacientes. Este tiene que ser un chico raro. Y no digo que tomasen precauciones, pero sí que me miraban de cierta manera. Y, a veces, me preguntaban: Y, dime, ¿de dónde copias eso que escribes? ¡Hombre, copiar, no! Plagiar, sí, por supuesto: pero hay un matiz... Que yo sepa, todo el mundo empezó plagiando. Si se hace con palabras distintas, viene a ser un ejercicio bastante útil. No conviene, sin embargo, quedar en eso”.


CURIOSIDAD 3
EDUARDO MENDICUTTI ha recreado en "Duelo en Marilyn City" (2003) el mundo del oeste americano, "pero con humor y sin caer en la parodia, comentó, aunque aparezcan cabalgadas, duelos, peleas y crepúsculos como en toda novela de este tipo que se precie. Escribir "un western" es algo que no se me hubiera ocurrido nunca, aunque he introducido elementos que hasta ahora, aunque fueron reales, nunca se habían incorporado como los vaqueros gay o los juegos de palabras como el del título de la historia o el nombre de Marion, que era el auténtico de John Wayne”.

Hasta que fueron llegando las caravanas de mujeres, la conquista del Oeste era cosa de hombres. En Marilyn City, una ciudad de pioneros levantada en las profundidades de Arizona y fronteriza con los territorios de los indios zunis, cowboys viriles, fornidos, audaces y rudos, pero no huérfanos de sensibilidad, construyen y decoran con bastante buen gusto sus casas, cuidan el ganado y se defienden contra los cuatreros, celebran enérgicos rodeos, beben y bailan y organizan broncas monumentales en el Stonewall Salón. Por si esto fuera poco, pelean contra los pieles rojas, se retan a duelo y se enfrentan a forajidos y salteadores de bancos, sin desatender sus necesidades amorosas. Una noche aparecen en el horizonte tres jinetes desconocidos cuya presencia no presagia nada bueno. A partir de ese momento, el sheriff Cameron Closet y su joven ayudante, Ricky Rock, en defensa de la ley, se enfrentarán a un cruel desafío que cambiará irreversiblemente el rumbo de sus vidas.

Siguiendo con humor el modelo popular de las míticas novelas del Oeste, pero sin caer en la parodia, "Duelo en Marilyn City" logra ser una cálida y divertida recreación de “una de vaqueros”. Leyendo esta novela (de un tirón) se confirma que no existen géneros ni obras menores si quien las escribe tiene talento y está tocado por la gracia", comenta Leopoldo Alas, en "El Mundo" .


CURIOSIDAD 4
JOSÉ MALLORQUÍ FIGUEROLA. "Cuando mi padre escribía -recuerda el reconocido escritor César Mallorquí, hijo de José Mallorquí (creador de “El Coyote”)- parecía sumirse en una especie de leve trance, y al verle en ese estado, la mirada perdida y los labios pronunciando palabras inaudibles, uno se daba perfecta cuenta de que aquel hombre, mi padre, se hallaba muy lejos de la realidad, inmerso en un mundo interior totalmente inaccesible para los demás”.